Revista de ecología, naturaleza y paisajismo

martes, 13 de julio de 2010

CONTAMINACIÓN TERRESTRE

La contaminación de los suelos
El suelo, desde un punto vista ecológico, es un sistema dinámico donde la materia orgánica es descompuesta por los microorganismos en sustancias diversas, las cuales son absorbidas posteriormente por los vegetales a través de sus raíces.
Los límites de las cadenas tróficas
Expuesto el anterior principio, el incorporar residuos al suelo podría parecer incluso una forma natural y beneficiosa para las plantas, contribuyéndose al desarrollo de las cadenas tróficas; no obstante, existen ciertos requisitos para que esa actividad no termine siendo contraproducente.
Salvo las materias expulsadas a la atmósfera, gran parte de los residuos producidos por las actividades humanas, como son los procedentes de los desechos urbanos, son vertidos a los ríos o abandonados en los suelos. Otros muchos de origen industrial, o generados en zonas rurales, son directamente enterrados. Las aguas de lluvia pueden arrastrar todas estas materias hacia capas profundas e incorporarlas a las corrientes subterráneas, las cuales terminarán en parte aflorando de nuevo a la superficie.
Para que todos estos residuos puedan ser procesados por las redes tróficas sin agotar sus posibilidades de depuración, deben ser limitados y estar compuestos únicamente por sustancias biodegradables, ausentes totalmente de toxicidad.
La biodegradabilidad de los materiales
La biodegradabilidad es la capacidad que tienen determinados materiales de estructura compleja, para ser degradados por los microorganismos, los cuales los convierten en otras sustancias más sencillas, capaces de ser absorbidas por las redes tróficas.
Las sustancias no biodegradables pertenecen a la categoría de los fenoles y compuestos orgánicos clorados. La industria química genera cada vez más productos de este tipo, que una vez pasan a convertirse en residuos, quedan incapacitados para ser descompuestos por los microorganismos. Muchos de esos productos no biodegradables son utilizados en el ámbito doméstico, industrial, y en agricultura.
Los productos empleados en agricultura no son menos dañinos, pues pueden ser arrastrados por las aguas fluviales de superficie y subterráneas hacia ríos y lagos, con la consecuente acumulación, que puede perdurar durante mucho tiempo.
La biodegradabilidad de un compuesto está condicionada por las condiciones biológicas en que se produce, así como de su estructura química. Los detergentes, plásticos, embalajes, y otros muchos productos de uso cotidiano, son especialmente resistentes a la acción de la degradación microbiana.
Además, no basta con que el compuesto sea más o menos biodegradable, pues los microorganismos descomponedores deben poder procesarlas a buen ritmo; una cantidad excesiva de materia saturaría el ciclo, al originar las bacterias un incremento de metabolitos que permanecerían en el suelo modificando sus características físico-químicas.
Las plantas, al no poder absorber los nutrientes que necesitan para su desarrollo, irán muriendo y finalmente desapareciendo. Por su parte, los productos tóxicos absorbidos por los vegetales y que sirven a los animales como alimento, pasan a éstos y posteriormente al hombre.
Insecticidas y bioinsecticidas
El equilibrio de un ecosistema puede quedar influenciado por un exceso de residuos de materia orgánica, sin embargo, la mayor amenaza de un biotopo reside en determinadas sustancias tóxicas o contaminantes, procedentes de actividades agrícolas, ganaderas, industriales o domésticas, tales como insecticidas, herbicidas, etc., que son rociadas sobre las plantas o incorporadas al suelo mediante aguas de riego.
Uno de los insecticidas que ha sido más utilizado, y que actúa por simple contacto, ha sido el DDT. Se aplicó masivamente muchos años atrás como plaguicida en la fumigación de pequeñas y grandes extensiones de cultivos. Resulta muy tóxico para los animales que se alimentan de las plantas tratadas y también para el hombre. Es un insecticida polivalente, de acción residual muy prolongada, pero de elevada toxicidad. Hoy en día está prácticamente prohibido en todos los países desarrollados. Aunque existen sustitutos que pueden ser metabolizados por los animales, como los compuestos denominados organofosforados, éstos afectan no obstante al sistema nervioso. En su lugar se usan otros compuestos denominados piretroides, los cuales deben ser utilizados de todas formas con precaución, pues aunque inocuos para los mamíferos, no lo son para los peces, que podrían verse afectados a través de cursos de agua subterráneas o superficiales cercanas a los campos de cultivo.
Nuevas técnicas genéticas intentan conseguir especies resistentes a la acción parasitaria, a la vez que se desarrollan bio-insecticidas que permiten una acción selectiva, evitando afectar a la planta cultivada o al suelo; se trata de los bioplaguicidas, cuya técnica consiste en la introducción de organismos vivos específicos, que atacan y eliminan los parásitos de las plantas a tratar.
También los herbicidas pueden contaminar...
Los insecticidas no son los únicos agentes contaminantes, también los herbicidas pueden suponer una amenaza para los vegetales y el suelo. Se trata de sustancias químicas utilizadas para eliminar las hierbas nocivas que crecen en las zonas de sembrados, las cuales pueden ser tóxicas en ciertas condiciones. La aplicación de estos productos requiere ciertos cuidados para que no se vean afectadas las plantas que se trata de proteger; así, si se aplican directamente sobre las semillas, actuará antes sobre las hierbas nocivas eliminándolas, desapareciendo el efecto tóxico cuando las semillas hayan germinado y empiecen a desarrollarse.
Otras fuentes contaminantes...
No sólo la actividad agrícola es fuente de contaminación del suelo, también la industrial, ganadera y la proveniente de residuos urbanos. La naturaleza diversa de los compuestos que se originan en estas áreas, son ecológicamente imprevisibles. La capacidad de difusión, disolución o reacción (por exceso o por defecto) de las partículas emitidas es notable.
De hecho, si los compuestos son solubles se incorporan a las plantas y a los animales que las ingieren; ejemplo de los metales como el mercurio, plomo, cadmio, níquel, etc. (en ciertas condiciones el mercurio puede permanecer en el suelo durante un largo periodo de tiempo).
Por otro lado, si los compuestos no son solubles permanecen en el suelo retenidos sin poder ser procesados eficazmente por las redes tróficas, salvo en ciertas condiciones de acidez del terreno. Cuando la contaminación es efectiva y los mecanismos naturales de depuración quedan saturados, se produce una paulatina desaparición de las especies vegetales y animales, y en casos extremos a la transformación en un suelo totalmente estéril.
La recuperación de un suelo contaminado...
Cuando un suelo ha sido contaminado la tarea de recuperación es altamente costosa y compleja. Las técnicas utilizadas son de tipo biológico, químico o eléctrico.
El procedimiento biológico se basa en introducir bacterias que tienen la capacidad de degradar el sustrato; el químico es introduciendo componentes que equilibran el exceso de otros productos, o reaccionan con ellos generando un tercer elemento inocuo; el eléctrico consiste en crear un campo eléctrico entre dos electrodos para que los contaminantes se concentren en uno de ellos.
Aun cuando el suelo tiene una alta capacidad de regenerarse a sí mismo, los desechos de las actividades humanas deben incorporarse a los suelos en pequeñas cantidades, y aún así, ausentes de productos no biodegradables. Por otro lado, aún cuando los productos que se desechan cumplan con esa condición, la acumulación reiterada en el mismo lugar traería consigo la creación de vertederos, y consigo la incapacidad del suelo y el entorno para procesarla.
Los riesgos del PVC
El PVC (policloruro de vinilo) forma parte de nuestra vida diaria, y sin embargo no alcanzamos a valorar en sus justos términos los efectos que puede acarrear en la salud y el medio ambiente. A pesar de que existen proyectos, propuestas, directivas e iniciativas tendentes a conseguir su erradicación en el mundo, está tan introducido en las sociedades avanzadas que su eliminación y sustitución por otros elementos inocuos o menos dañinos no se verá a corto plazo.
Los componentes del PVC resultan peligrosos en cualquiera de sus etapas de fabricación, utilización y eliminación. Más del 50% de los materiales de construcción contienen este plástico, y alrededor de un 15% de los envases que usamos diariamente. Muchos de los componentes utilizados en la fabricación del PVC se han demostrado como cancerígenos. Los Ftalatos, por ejemplo, suponen el 90% de los plastificantes utilizados en la síntesis de los PVC blandos con destino a la fabricación de juguetes, utensilios para la cocina, e incluso artículos hospitalarios. Se estiman a estos Ftalatos como disruptores hormonales, capaces de provocar mutaciones genéticas y del desarrollo fetal.
Aunque en la fabricación de juguetes fue sustituido el Ftalato conocido como DEHP por el DINP, aparentemente menos dañino, no ha supuesto garantía según las investigaciones que se han llevado a cabo. Un ejemplo de utilización de los DEHP en el ámbito hospitalario es la fabricación de bolsas para almacenar sangre, catéteres, etc.
Para el medio ambiente el PVC es uno de sus peores enemigos. En la fabricación del PVC se utilizan sobre todo compuestos organoclorados y metales pesados, entre otros productos químicos de gran toxicidad. El 30% del cloro que alcanza la atmósfera procede de las emisiones por incineración del PVC, proceso este que genera igualmente grandes cantidades de dioxinas muy perjudiciales para la salud. Sus efectos podrían evitarse sustituyendo del PVC por otros materiales ecológicos, como el látex.
En definitiva, el PVC es un material peligroso, venenoso y contaminante, tanto en su proceso de fabricación como de uso y eliminación, que debería poder ser erradicado de nuestras vidas.

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